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Marshalsea, cuando pagabas tu estancia en la cárcel.

En la Inglaterra del Siglo XIX —mucho antes, de hecho—, las prisiones eran un negocio lucrativo y no la institución administrativa que conocemos hoy en día. Los prisioneros que la habitaban, debían pagar un estipendio por su alojamiento y su comida. Se cobraban tasas por casi todo: llaves de los pabellones, quitar los grilletes… La cuestión era más sorprendente si tenemos en cuenta que muchas de ellas acabaron llena de morosos, que precisamente daban con sus huesos en una celda por no poder pagar sus deudas. Existía incluso la costumbre de pedir limosna a los viandantes a través de la reja del edificio para poder alcanzar la cantidad necesaria para pagar al carcelero.

La prisión de Marshalsea, que se denominó así por los “Marshall” —antiguos oficiales al servicio de la corona, encargados de custodiar los reos en espera de ser juzgados—, no era una excepción. Esta cárcel de deudores estaba ubicada en la actual calle Borough High Street, y aunque no se conoce la fecha de su construcción, sí que puedo contaros que cerró sus puertas definitivamente en 1849.

En el edificio había dos áreas distintas: la zona para los nobles que contaba con habitaciones individuales que se podían alquilar y la zona modesta en la que una sola sala podía amontonar hasta 300 personas, dando lugar a suciedad, enfermedades y delincuencia. Para que os hagáis una idea, el precio de una habitación privada por semana era de 10 chelines, una cantidad a la que pocas familias podían aspirar. Otra curiosidad de la época es que se permitía a la familia del reo, esposas e hijos, vivir con ellos, siempre y cuando pagasen las consiguientes tasas.

El lugar contaba con un bar, tiendas donde comprar jabón, comida, velas, café, fiambres… Incluso llegó a haber un sastre y un barbero ofreciendo sus servicios, pues algo que se permitía era que los moradores de la zona modesta trabajaran al servicio de los que vivían en la zona noble. Con ello, conseguían el dinero para pagar su estancia.

Marshalsea, estaba pensada en un principio para acoger a personas acusadas de delitos de allanamiento, faltas de honor y deudas; todas ellas, infracciones penadas por la corona. Finalmente, también dio cabida disputas privadas entre personas que nada tenían que ver con la casa real.

Desde hombres acusados de crímenes en altamar, a delitos contra natura y un gran número de intelectuales acusados de sedición —alzamiento contra la autoridad— por motivos políticos. También es conocida por ser la cárcel donde hubo más católicos encarcelados durante las persecuciones de la época isabelina.

Pero, sobre todo, Marshalsea, fue conocida por acoger a aquellos que no podían pagar las deudas contraídas, bien por orden de la corona, o bien por la acusación particular de algún noble poderoso.

 

 

 

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